Por: Elizabeth Vergara Carrasco.
Insecticida en aerosol, trampas para moscas y veneno para ratas son los artículos que debieron sumar a sus gastos fijos; por todo no descartan acciones legales indemnizatorias.
En una controvertida ubicación se instalaron 248 casas que colindan con una avícola y una huesera en desuso, en la comuna de La Calera. Vecinos del conjunto habitacional señalan que estos espacios industriales acarrean moscas y ratas. El Condominio Tres Esquinas fue entregado a principios de este año y promovido por la inmobiliaria CODEH Desarrollo Habitacional SPA (antes “CODEH”) bajo el subsidio estatal D.S. 19, que dotó de vivienda propia a 248 familias. Aunque no todas las casas han sido entregadas.
Sin embargo, lo que debiera haber sido una celebración se ha transformado para muchos residentes en una dura realidad: la convivencia inmediata con lo que denuncian como una invasión de moscas y ratas, debido a la ubicación del conjunto residencial junto a instalaciones industriales –una avícola en funcionamiento y una antigua huesera– que generan condiciones insalubres para habitar.
Reclamos que llegaron hasta los servicios públicos a través de los vecinos apoyados por la Diputada Marzán, quien ofició a los distintos servicios responsables explicando que «De acuerdo con el testimonio de la comunidad, las operaciones de la avícola han provocado graves episodios de contaminación ambiental, expresados principalmente en emisión de olores, acumulación de guano y quemas que generan material contaminante en el aire. Esta situación les impide abrir puertas y ventanas, disfrutar de sus patios y espacios comunes, y en general llevar una vida normal en sus hogares. La exposición prolongada a guano y humos se vuelve particularmente peligrosa para la salud de la población más vulnerable del sector».

La diputada en su oficio agrega que «Cabe destacar que los vecinos han intentado buscar soluciones a través del administrador de la empresa y de la Oficina de Medio Ambiente de la Municipalidad de La Calera, instancia que les ha señalado que la avícola mantiene sus permisos y documentos al día. Sin embargo, a juicio de la comunidad, ello no da respuesta al problema real de convivencia ambiental y sanitaria que hoy enfrentan».
Este reclamo terminó con una inspección en terreno, desde la Oficina de Medio Ambiente Municipal de La Calera explican que «durante la visita se realizó un sumario sanitario por parte del Servicio de Salud, en tanto lo referido al Servicio Agrícola Ganadero, SAG, la avícola El Gringo cuanta con todos los permisos en orden».
Sin embargo, los cuestionamientos van al origen. En ese sentido, el oficio presentado por la diputada Marzán solicita como punto seis «Alcalde de la Ilustre Municipalidad de La Calera: Informar sobre las acciones municipales de fiscalización y gestión ambiental realizadas, indicar si la municipalidad cuenta con antecedentes técnicos sobre la compatibilidad territorial entre el condominio y la avícola, y Señalar medidas que puedan ser impulsadas a nivel local para apoyar a la comunidad afectada».
El sitio web de CODEH indica que el Condominio 3 Esquinas es un proyecto de casas de 2 y 3 dormitorios, entrega inmediata, con acceso controlado, áreas verdes, juegos infantiles, multicancha y 248 viviendas construidas. No obstante, hasta la fecha no ha sido posible localizar públicamente en las fuentes revisadas un desglose completo de la licitación, su cronograma, costos unitarios u otras empresas involucradas más allá de la mención en la página “Proyectos Realizados”. Esta falta de transparencia dificulta conocer con certeza los parámetros que se manejaron para construir el conjunto en su emplazamiento final.
Ubicación controvertida: avícola y huesera como vecinos inmediatos
Vecinos del Condominio 3 Esquinas denuncian que sus casas, antes de ser entregadas, solo pudieron visitarlas una vez, entre mallas y laberintos, que impidieron ver lo que sucedía con las moscas. Señalan también, que la empresa CODEH habría realizado una fumigación antes de entregar las viviendas, información que habría aportado un ex trabajador, motivo por el cual porque no se veían tantas moscas durante los primeros días. Sin embargo, al pasar un par de semanas comenzó el calvario. Moscas y ratas como visitantes constantes de las familias.
En tanto a la instancia de realizar acciones legales, el administrador del Condominio, el abogado Isaac Contreras explica que están agotando las instancias de diálogo, pero sostiene que un recursos de protección «sería el primer camino, hay que ver que dicen los permisos ya que es extraño que un conjunto habitacional haya sido aprobado colindar con una avícola estando en conocimiento lo que puede significar para las familias que llegarían al condominio», agregando que «si se observan irregularidades podríamos preveer el inicio de una acción civil con indemnización de perjuicios por los problemas que han tenido que experimentar los vecinos en contra de quienes resulten responsables, así como otras vías según los antecedentes que vayan apareciendo, al ser la última respuesta seria una actuación en todas las materias posibles mas allá de una sola demanda, recurso e incluso querella según los antecedentes que vayan surgiendo».
De acuerdo a lo investigado no existe un plan de mitigación de riesgos derivados de la vecindad con una planta avícola y una huesera -una planta de tratamiento de restos óseos– abandonada o en proceso de abandono. Según testimonios, las instalaciones generan gran carga de vectores (moscas) y roedores (ratas) que se han trasladado hacia las viviendas. Este hallazgo permite establecer que en la zona existe problemática vectorial vinculada a instalaciones avícolas cercanas a vivienda.
La voz de los vecinos
“No podemos abrir las ventanas de noche, entran moscas por montones, la comida afuera no dura ni cinco minutos, y los ratones los vemos subir por las cañerías” — manifiesta una vecina del condominio, visiblemente frustrada. Los vecinos señalan además que pagaron por su vivienda bajo la promesa del “sueño de la casa propia”, que se ha transformado en un dolor: pérdida de calidad de vida, imposibilidad de ventilar sus casas, temor por enfermedades asociadas a vectores, deterioro del bienestar familiar.
Desde el punto de vista legal, las viviendas entregadas bajo el programa de Integración Social (D.S. 19) deberían cumplir con criterios de habitabilidad, ubicación adecuada, mitigación de ruidos, olores y vectores, así como acceso a servicios básicos. No obstante, cuando el entorno inmediato presenta riesgos vectoriales, la responsabilidad recae tanto en la inmobiliaria (y sus subcontratas) como en la autoridad municipal (en la fiscalización y aprobación de la recepción final del proyecto) y la autoridad sanitaria regional.
En la región del Ñuble existe un caso similar, en San Carlos vecinos recurrieron contra una avícola mediante un recurso de protección por efectos sanitarios: proliferación de moscas, malos olores, roedores, contaminación de aguas subterráneas. Por lo tanto, los vecinos del Condominio 3 Esquinas podrían tener fundamentos para exigir intervenciones municipales o judiciales.
Consecuencias para los habitantes que llegaron con la espernza de disfrutar de un entorno agradable, termina en ventanas cerradas permanentemente: debido a la invasión de moscas, muchas familias dicen verse obligadas a mantener las ventanas selladas lo que disminuye ventilación, luz natural y calidad de vida. Exposición a vectores y roedores: la presencia de moscas en altas cantidades, y denuncias de ratas en viviendas generan preocupación sanitaria. Decepción social: el verdadero costo emocional radica en que lo que fue presentado como una oportunidad para “vivir mejor” ahora representa deterioro, molestias continuas y sensación de engaño. Impacto en valorización: aunque no hay datos concretos disponibles, una vivienda rodeada de problemas sanitarios y de entorno tiene peligro de devaluación o dificultad de reventa.
El Condominio 3 Esquinas fue entregado con la promesa de integrarse al sueño de la casa propia, gracias a un subsidio estatal apoyado por la inmobiliaria CODEH. Sin embargo, la elección de su ubicación —junto a una avícola y una huesera en desuso— ha desencadenado un problema complejo de salud pública y calidad de vida para sus habitantes. La presencia de moscas, roedores y la incapacidad de ventilar sus casas se traducen en un fuerte sentimiento de traición por parte de las familias.
Este caso no sólo expone una falla puntual de planificación y supervisión, sino también un dilema estructural: la urgencia de entregar viviendas sociales muchas veces prima sobre la verificación del entorno. Queda en manos de los vecinos, las autoridades municipales y sanitarias, y la promotora inmobiliaria, la obligación de corregir esta situación antes de que la vivienda soñada se transforme en un lastre.
