Tiempos Convulsos

Por: V. Vera

Pareciera ser que las aguas se han estado aquietando, lo que da un poco de certidumbre al mercado local agrícola, esto luego del cambio de velocidad a la aplicación de aranceles por parte del presidente estadounidense, Donald Trump.

Pero, no.

Salta a la vista que el escenario económico mundial está sufriendo un tremendo ataque de tos ferina, amenazando con agravar al enfermo y, tal vez, no está escrito, terminar de matarlo.

Trump cree – siente más bien – tener el sartén por el mango. Inclusive se ha dado el lujo de bromear con vulgares palabras respecto de las intentonas de negociación particular de algunos que otros líderes de economías, golpeadas por los consabidos aranceles aduaneros. De hecho, la broma mencionada era para ser difundida en horario para adultos.

Paralelamente, el presidente de Estados Unidos las ha emprendido con el presidente de la Reserva Federal de su país – Jerome Powell – la “Fed” (por su nombre en Inglés), es una entidad que cumple las funciones de nuestro Banco Central: velar por la macroeconomía y empujar la inflación a la baja, emitir moneda, entre las principales. ¿Por qué Trump tiene otro enemigo a la mano? Habría tres razones, a mi entender: la primera es que Jerome Powell ha redactado informes económicos que van en la dirección contraria a lo deseado por Trump, esto irrita de sobremanera al presidente de Estados Unidos; en segundo lugar, porque el hombre a cargo de la Fed se ha negado a bajar el porcentaje de interés comercial en la economía local, paralizando a juicio de Trump la aceleración económica que imagina está a la vuelta de la esquina. La razón tercera, creo: resulta ser un buen distractor hacia lo interno, pues si los anunciados despegues económicos no llegan habrá alguien a quien culpar. De hecho, Trump en su red social ya lo crucificó debidamente. Veremos cuanto aguanta Powell.

Lo concreto: Los aranceles “pequeños del 10%” como es el caso de los que afectan a Chile están vivitos y coleando, no en pausa de 90 días según la decisión del presidente de Estados Unidos.

Lo anterior pone más pimienta de la debida a la sopa nacional económica de un país como Chile: de economía abierta al mundo que casi no cobra aranceles (apenas uno nominal de 0,7%). Si los productos chilenos no se compran en el mercado estadounidense, se tendrá que buscar nuevos mercados, cosa muy difícil mirado el escenario mundial. Si esto no mejora, los productores internos ralentizarán la producción, necesitando menos trabajadores, insumos, pagando menos impuestos, Etc. De ahí a un efecto carambola puede haber un corto trecho.

Como si todo fuera poco, una de las candidaturas a la presidencia de Chile 2026 – 2029 se da la oportunidad de criticar la puesta en marcha de la Política Nacional del Litio, que se concretó con el acuerdo entre Codelco y SQM. Es decir, cuando hacen faltas certezas ya hay nubarrones en la política interna.

La economía es extremadamente sensible al ambiente político, léase los inversores, porque claro: ¿quién quiere invertir a largo plazo – lo que se necesita – si hay augurios de un nuevo cambio en las reglas del juego?

Mientras tanto, al lado, nuestro vecino “abrió el cepo” a la compra de dólares en Argentina que, tenía una limitación de compra de hasta un máximo de 200 USD para sus nacionales. El imaginario de Javier Milei, el presidente de Argentina, es que habrá un gran dinamismo en la compra y venta de dólares y, por lo tanto, impulsará la economía interna y la liquidez para comprar en el mercado mundial. Veremos, por lo pronto no se observan inversores vueltos locos comprando dólares por allá.

China sigue siendo el objetivo principal del líder norteamericano Donald Trump, país al cual no le ha pausado el arancel, al contrario: lo ha subido; esta acción ha tenido el consabido rebote del mandamás chino, quien ha ido alzando el arancel a estados Unidos en la misma proporción impuesta por el país del norte. El último cómputo iba en aranceles de 145% por lado y lado.

¿Hasta dónde es posible seguir subiendo aranceles? Llegará un momento en que ambos gigantes no se comprarán nada y principiarán a aplicar sanciones (más aranceles) a los países que compren o vendan a los dos primeros. En esa situación, la chispa de la guerra económica mundial devendrá en una guerra global de insospechadas consecuencias.

¿Qué pueden hacer las y los líderes de los países y economías pequeños? (casi todos los demás).

Lo único posible: unirse e intentar persuadir, mal que mal todos los restantes o compramos o vendemos a los dos más grandes casi todo. Lo peor sería tomar partido por uno u otro. Sería fatal decidirse por uno que a la postre pierda.

Se requiere un nuevo orden mundial. Ya está visto que el libre comercio era otra mentira más.

Letra C tiene esperanza de seguir aquí para el siguiente capítulo.

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