Las políticas de EEUU influyendo en la provincia

Por: V. Vera

Empresas de la provincia de Quillota que exportan a los Estados Unidos podrían verse afectadas. Propal ubicada en la comuna de Hijuelas, es una exportadora que se vería gravada. La minera Angloamérica en Nogales, Sopraval S.A. y Algamar S.A. ubicadas en Artificio, La Calera, también son empresas que llevan sus productos a EEUU. En los siguiente párrafos verán por qué una política proteccionista que ocurre a miles de kilómetros podría afectar la economía local.

El presidente de Estados Unidos Donald Trump, no sorprendió a nadie, solo a los ingenuos que dudaron de sus promesas (o, debo decir amenazas…de campaña).

Esto de aplicar – o modificar su importancia relativa en impuestos – aranceles de aduana es un viejo truco para intentar amortiguar el efecto de competencia económica externa en la industria local de un país.

Se trata de aplicar cierto énfasis de impuestos (porcentaje que se suma al valor de venta negociada del producto) a la entrada o salida de aduana.

El propósito vociferado por Trump es proteger la industria local (ya lo hizo su antecesor Biden en el rubro automotriz) cuestión que funciona de la siguiente manera: si un producto extranjero, por ejemplo: la palta (en el caso de Chile) ingresa a EEUU a un precio de USD de 100 por determinado número de kilos, se le grava con 10% como arancel de aduana de entrada, por lo tanto: esa palta se vende al público interno en USD110.

La medida explicada en fácil resulta en que, como el producto en el comercio interno es más caro, los ciudadanos dejan de comprar y prefieren algo más barato, impactando de lleno en la capacidad de vender paltas chilenas en EEUU, pues la mayoría de las personas prefieren comprar calidad más barata.

El arancel es, por lo tanto, un impuesto extra – que por ahora lo pagan los consumidores – lo cual pondrá pimienta añadida a la popularidad de Trump en su país.

Para el gobierno trumpista significa más entrada de divisas. Dinero fresco para invertir en eventuales prioridades y, dependiendo de la batahola, ¿por qué no? ya se ha hecho antes, subsidiar determinados productos para los compradores internos, ablandando el golpe local de la medida.

Desde luego la situación planteada previamente, si se toma esa medida, no es rápida pues primero llegan los aranceles, el dinero fresco se dimensiona, se evalúa el escenario, Etc. Etc.

Algunos conspicuos analistas económicos y políticos están anticipando que, gestionados los aranceles nuevos de entrada, Trump tendría capacidad de maniobra para bajar los impuestos a las grandes empresas (con el consabido discurso de que producen y dinamizan el empleo).

Dos situaciones para tener en cuenta:

  • La empresa local no necesariamente logra el deseado despegue con la subida de aranceles, véase la industria automotriz estadounidense que sigue cuesta abajo en la rodada, a pesar de los aranceles de Biden a los autos eléctricos y partes automotrices asiáticos.
  • La empresa local debe tener capacidad instalada, industrial y humana, para salir a flote (en el ejemplo automotriz, las principales marcas norteamericanas se fabrican en el extranjero).

Rebote en chilito y la provincia de Quillota:

  • El nerviosismo de los productores no es exagerado, pues tienen a la vista la incertidumbre de dónde poner los productos que, eventualmente, sean rechazados por los compradores estadounidenses, esto significa qué hacer con la mercadería actual y – tal vez – reducir producción si no hay mercados, con el consecuente daño en el empleo y desarrollo de Chile.
  • La irritación del presidente Boric, si bien se agradece la empatía, no es un buen camino para enfrentar la situación. La prudencia sugiere no ajizar más el ambiente y volvernos – por eso – visibles para más alzas de aranceles.
  • Buscar nuevos mercados parece ser la solución. Aunque, la verdad, no será un camino fácil. Todos los perjudicados con los aranceles de Trump están en lo mismo.

Como de costumbre, la economía es una cosa de poder. Quien no entienda esto camina a ciegas y tumbos en la vida.

Letra C, por lo pronto, se declara en estado de alerta máxima (que significa nada, claro; pero, el buen humor ayuda en momentos difíciles).

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