Las propuestas de la Mesa de Reactivación Laboral plantean que la recuperación del empleo se sostenga, en buena medida, sobre la flexibilización de las condiciones laborales y la renuncia a ciertos derechos por parte de los trabajadores, sin garantías claras de que estas medidas logren los resultados esperados.
Por: V. Vera
Recientemente la Mesa de Reactivación Laboral – comisión convocada por el gobierno para recibir sugerencias ad hoc – evacuó su informe final.
Un buen resumen del informe final es: el costo de mejorar el mercado laboral lo asumen los trabajadores perdiendo ciertos derechos o resignando otros por medidas de “flexibilización” de insospechados resultados.

Mientras tanto, el economista David Bravo, niega que las sugerencias de la mesa apunten a una reforma laboral.
Se apura el informe en mencionar una serie de factores que impactan desfavorablemente el mercado laboral – como el bajo crecimiento económico, subida del costo de la vida, entre otros – pero se alínea solamente con un sector del fenómeno, tal vez por no tener más mandato o la premura por llegar a destino con el informe final: apunta a sugerencias hacia el sector empleo como si la situación no fuera consecuencia evidente de una suma de factores y causas que se debieran atender para impactar en un mejor escenario de empleabilidad, por ejemplo: la reactivación económica, la pobre industrialización de nuestros mercados fabriles y productivos, abrir más mercados externos hacia productos estrella (el cobre y el litio, para mencionar dos) y otros tradicionales y con ciertos indicadores positivos: el vino y las frutas (estas últimas de gran aceptación en los mercados asiáticos) y, sobre todo, la falta de una concienciación empresarial (sea de privados o del Estado) en el sentido que, para cosechar en un futuro, es preciso preparar el suelo y sembrar en el presente. La analogía vale no solo para el sector agrícola.
Lamentablemente, lo que pone más cortapisas al ambiente económico es el pobre y pesimista mensaje que todos los días dan al país el presidente Kast y el ministro Quiroz: “los indicadores son malos por culpa del gobierno anterior… esto es fruto de políticas equivocadas de décadas” (versión libre de esos enunciados) y otros más que no hacen sino – esto debieran saberlo las autoridades, sobre todo las del mundo económico –
deprimir la economía y sus procesos que, son extremadamente sensibles a los mensajes de personeros a cargo de la toma de decisiones de nivel país.
¿Se irá a animar un empresario local o foráneo a invertir cuando el mensaje es que la economía y el país van al despeñadero…?
No se trata de contar mentiras a la prensa ni al país, se trata de dar discursos provocadores del cambio deseado y mostrar un horizonte si no halagüeño, al menos mejor que el estado actual de situación.
Hay varias señales que serían de desear: está claro que la empleabilidad más alicaída es de la mujer (o sea, ya no la mujer solo aspira a un peor salario por el mismo puesto de trabajo que el de un hombre, sino que ni siquiera hay) por lo tanto se debe ser especialmente agresivo para favorecer la oferta de empleo hacia la mujer. Una señal interesante sería que los puestos de trabajo de confianza del Ejecutivo se distribuyeran más homogéneamente en esa dirección, hoy la mayoría de los representantes del gobierno en el sector público y directorios de empresas correspondientes son varones. De señales vive la economía. Si se leyeran la novela “Desde el jardín” del autor Jerzy Kosiński que, relata magistralmente el impacto anímico en la economía, seguro cambiarían el “switch”, el interruptor, diríamos…Si se hiciera caso completo a todas las sugerencias de la comisión de la Mesa de reactivación Laboral, sin dar los demás pasos necesarios, no se moverá ni un punto la empleabilidad nacional.
“Ojo, piojo” que vamos de cabeza a una recesión económica. Ya solo mencionar la palabra espanta a cualquier optimista.
Letra C en acción