Por: Rodolfo Montecinos.
¿Qué le impide a TVN retomar su liderazgo en la televisión chilena? En el mercado hoy menos es más y justamente eso es lo que, por esencia, el canal no puede transar.
Los casi 20 millones de chilenos tenemos derecho a ver televisión. Al menos un canal: Televisión Nacional de Chile. Y ese es uno de los tantos pie forzado con el que se estructuró la señal a fines de los años sesenta, tomando ese compromiso el Estado de Chile.
Y justamente por lo anterior es que el canal vivió los altibajos de la política de turno: primero bajo el alero de la Unidad Popular como después en la Dictadura, siendo el amplificador de sus discursos.
Para evitar que esto volviera a suceder, se promulgó la ley 19.132, que la obliga a “autosustentarse”, es decir, que los recursos económicos que necesite para funcionar los obtenga, al igual que todos los otros canales, de la publicidad que logre conseguir, en una lógica competitiva amparada por las reglas del libre mercado.
Y como todo libre mercado, estas prácticas no tienen alma: el que logra ganar, sea como sea, logrará tener mejores réditos.
Lo anterior no fue problema al promulgarse la ley en 1992: el canal se sacudía de su pasado militar y se enfocaba en una apertura democrática donde todos tenían cabida: la entretención, cultura y educación por fin podían darse sin censura y no bajo una lupa regulatoria más allá de la que el CNTV aplicara por igual a los otros canales de televisión, generando además recursos que le permitían reinvertir en nuevas temporadas de “El Show de los libros”, “El Mirador”, “Patiperros” y las ya clásicas teleseries que recorrieron el país.
Y ese fue justamente el gran escollo que ha tenido el canal estatal: el jugar de igual a igual con el resto de las estaciones que hoy en día son todas privadas. Ya no existen canales de televisión masivos bajo el alero de universidades, como lo fueron UCV-TV, Canal 11 y Canal 13 (las dos primeras solo están como señales secundarias de bajo perfil) y la pelea por quien consume más contenido de un solo canal se ha vuelto descarnizada, desvalorizando los principios mismos de TVN.
La irrupción de más actores, de la diversidad de formatos y plataformas y la obligación de rendir más pero con menos presupuesto ha supuesto que los contenidos tengan efecto inmediato en el espectador y que esto se refleje en las mediciones de audiencia. Y, como el libre mercado opera bajo esa lógica, Televisión Nacional no se puede restar y aquí viene el gran “pero”: ¿Cuál es el valor agregado que ofrecen Mega, CHV y Canal 13 que no entrega TVN? La pregunta quizás debiera plantearse al revés: ¿Cuál es el valor agregado que tiene TVN que no lo tienen los otros canales?
Primero, al ser un canal público, se le exige que tenga una cobertura prácticamente en todo el territorio, incluyendo las zonas insulares, instalando cerca de 126 antenas para, además de cumplir con la ley de Televisión Digital Terrestre (el gran fracaso de la industria), tener la presencia que se le exige.
TVN, a diferencia del resto, cuenta con una señal internacional desde 1989. Si bien otros canales han desarrollado intentos similares, la única que se ha mantenido ha sido esta, TV Chile como le llaman afuera y que, de silenciarse, el país quedaría sin representación audiovisual en gran parte del América y otros continentes.
El “canal nacional” cuenta con los llamados “centros regionales”, que son filiales que interrumpen el noticiero “24 Horas” para entregar, con equipos propios de reporteros y audiovisuales, las informaciones que atañen a los lugares donde se encuentran.
Ya con esos tres valores agregados, la esencia de Televisión Nacional de Chile la hace distinta a los otro 3 “canales grandes”. Ni Chilevisión, ni Mega han apostado por algo similar.
El canal del grupo Bethia incluso renunció a concesiones de repetidoras en ciudades para ahorrar costos, en tanto que la señal ahora perteneciente a Vytal Group jamás ha tenido intención de desarrollar proyectos fuera del área metropolitana.
Canal 13 ha sido el único que apostó por regiones, aunque de manera muy fugaz. Antofagasta, Temuco, Valparaíso y Concepción fueron las ciudades elegidas en 2004 para un proyecto similar al de los centros regionales de TVN, entregando ediciones locales de “Teletrece”, pero al poco andar fueron cerradas: las dos primeras en 2009 y las dos últimas en 2019.
El caso de Concepción es la segunda parte de la historia, ya que en 1973 el ex canal católico llegó a esa ciudad y desarrolló programación local incluyendo el mítico noticiero “Telecinco”, el cual fue cerrado en 1996
En 2005, TVN inauguró el actual edificio corporativo, el cual tenía proyectado ser una especie de BBC, O’Globo o Televisa: una ciudad audiovisual donde en cada uno de sus 10 estudios se estuviera trabajando sin parar para producir programas.
Las cifras no acompañaron y más de la mitad de la estructura está sin uso o arrendada a productoras externas. Este dato se hizo masivo luego de conocerse las cláusulas de arriendo que la estación tiene con la productora que realiza el polémico programa “Próceres”, el cual está muy por debajo de los valores de mercado para una transacción así.
Con lo anterior, es casi heroico que Televisión Nacional de Chile siga en pie. Cuestionado por todos los sectores de la opinión pública, cada paso que da (o que no da) es objeto de análisis sin tomar en cuenta que la misión del canal va más allá de solo generar utilidades, sino que sea realmente el punto audiovisual con el que Chile cuente para conocerse, reconocerse y tener la seguridad que al menos existe un espacio en que no solo podamos ver a otros chilenos, sino también vernos nosotros mismos en todas nuestras dimensiones.