Por: V. Vera.
Recordará nuestra amable lectoría que, durante el gobierno anterior hicimos una saga acerca de las vicisitudes que estaba viviendo CAP, sobre todo habida cuenta del, digamos cruel, mercado internacional del acero: Huachipato, incapaz de competir con el gigante chino que, literalmente hizo pebre la industria del acero a nivel mundial.
A nivel local hubo gran dolor y consternación al observar, paso a paso, como nuestra siderúrgica Huachipato iba cuesta abajo en la rodada. Las bolas de acero chinas eran más baratas en el mercado y en su producción. Claro, hubo berrinches por el apoyo estatal chino al acero (algo que no hubo en chilito, es que somos tan pobres) hubo sentidas quejas de comercio desleal por parte de los controladores de Huachipato y de los trabajadores, cuyos puestos laborales se desdibujaban día con día. Tampoco las barras de acero chilenas hicieron el peso a las chinas.
Huachipato no era cualquier cosa: el emblema de una región. Hasta un club profesional de fútbol – del mismo nombre – llevaba con orgullo el sello del acero en la camiseta.
Seamos claros, aunque el gobierno del presidente Boric hizo gestos de acompañamiento y apoyo a los trabajadores del acero, a través del mecanismo de alza de aranceles aduaneros a la competencia china, no lo logró. Alzó el arancel (al 24,9%) una décima porcentual menos que lo pretendido por los controladores de la compañía Huachipato para “hacerla” rentable y con sobrevida, amenazas de cierre mediante.
El gobierno se jugó la carta de anunciar la reconversión laboral, como se denomina cuando una empresa cierra y sus trabajadores quedan a la deriva y el gobierno de turno no quiere pagar tantos platos rotos, a veces inmerecidamente.
No mucho más que lo mencionado podía hacer el gobierno del presidente Boric, al fin y al cabo, la empresa dejó de ser pública desde los años ochenta, mediante la agresiva política de privatización de activos del gobierno de Pinochet, sin los “contratiempos” que imponen un Congreso y prensa libre a los Ejecutivos en tiempos de plena democracia.
Finalmente, el día llegó: fueron apagados los altos hornos del acero nacional, todo marcado por signos de “calma, volveremos a levantar la empresa” y rituales de sanación.
Se dijo mucho que el mercado “había hablado”. Fin de la historia.
Toma de control de CAP/Huachipato por AZA S.A.
La acción económica “pasó piola” en el decir popular. Se celebró – así se denomina el contrato de promesa, no sabemos si además hubo júbilo – entre CAP y AZA S.A. donde la primera vende el 100% de sus acciones de Huachipato a la segunda, recibiendo una contraprestación en dinero y especies, siendo las especies una participación del 15% de acciones avaluadas en US$ 62.500.00 de AZA S.A., US$ 25.000.000 en dinero y, un pago adicional (suena generoso) de US$ 42.500.000, contingente a la marcha de las unidades de laminación, existentes en el terreno de la siderúrgica y, un proyecto de acería eléctrica.
“Se espera que la operación tenga un valor económico para CAP, que se estima entre US$130.000.000 y US$ 150.000.000 considerando el valor presente de las consideraciones de
precio, ingresos por contratos de servicios y ahorros de costos fijos”, reza el hecho esencial suscrito por Nicolás Burr, gerente general de CAP. O sea, ya en el momento de la rendición final – la venta – se la describe como provechosa y de esperanzadoras proyecciones. Tal vez sí lo sea. Nunca se muestran todas las cartas entre los contratantes – y menos al grueso público – como estrategia de contención para con socios participantes que venden sus activos y de manejo del mercado para los gestores de la compra. De hecho, suele haber cláusulas de confidencialidad estrictas acerca de los detalles de la compraventa de los activos y pasivos de la materia sujeto de la transacción mercantil.
Hasta ahora el gobierno del presidente Kast no ha dicho “esta boca es mía” como política pública respecto del desarrollo industrial chileno, ni si otorgará valor “inmaterial” a determinadas empresas que construyeron el Chile de hoy. Solo ha dado señales de estar “abierto” a todas las opciones que sean buenas para Chile, inclusive con la eventual entrada de “socios estratégicos” a las grandes empresas estatales que, todos sabemos, funcionan en los hechos (y en derecho) como empresas privadas, entre ellas Codelco, Metro S.A., Banco del Estado de Chile, Etc.
¿Dejará hablar el actual gobierno al mercado, puro y duro”? ¿ofrecerá proteccionismos arancelarios a determinadas empresas que se estimen clave para el país? Como hace hasta el mismísimo presidente de EEUU, Trump que, a punta de aranceles quiere re fortalecer la empresa norteamericana y a sus empresarios – que ya no construyen casi nada en el país, todo lo hacen en China, otras economías asiáticas y en el denominado subcontinente Indio – o, sencillamente será el “sálvese quien pueda”.
Está por verse.
El denominado “Grupo CAP, con 80 años juntos, somos transformación sostenible”, perdió radicalmente su valor.
La pregunta que queda colgando sería: Huachipato, el club de fútbol ¿cambiará su camiseta?
